(vía rubberbaby-buggybumpers)
“In books we never find anything but ourselves. Strangely enough, that always gives us great pleasure, and we say the author is a genius.” ―Thomas Mann
#84
(La sexta cámara de maravillas de don Cruz se encuentra en peor estado que las anteriores. Estuvo alojada durante décadas en una casa en la ciudad de Limón, Costa Rica, pero en 2010 ésta se derrumbó por razones desconocidas –”sismo selectivo”, decía don Cruz, y luego no decía más–, dejando sólo el sótano.
Desde entonces, la colección de rarezas permanece allí, en la oscuridad, en algo que más que un palacio de lo extraño parece una cárcel. Pero allí siguen, bien resguardados, los cuatro cuernos de unicornio extraídos de una antigua rima inglesa; el manuscrito autorreplicante de Tsika; la esfera armilar de movimiento perpetuo y, por supuesto, el alma, guardada en su caja de vidrio.
La caja siempre aparece como en la foto: un poco movida, un poco fuera de lugar.
—Es que mire cómo se agita el alma —presumía don Cruz—. Mire cómo está furiosa: se ve por el color. Ha estado furiosa al menos desde 1896…
—¿Es un alma? ¿De veras?
—Y si saliera…, ay, nadie habría capaz de asistirnos. Nadie, nadie.)
(Fuente: materiajunkie, vía secretossecretos)
(Fuente: slobbering, vía secretossecretos)
(Fuente: 40licks, vía wallytumblz)
Desde siempre he tenido problemas para combinar la ropa. En algún momento de mi adolescencia incluso decidí usar cosas negras, blancas y mezclilla. Ya más grandecito me di el lujo de usar otros colores, siempre planos, con los yins. Así pues, me vestí de amarillo con yins, de rojo con yins, de verde con yins. Luego la gente piadosa me regaló camisas de cuadros o de rayas, que yo combino diligentemente con yins.
Así se solucionó mi problema.
Pero ahora hay un nuevo dilema: tengo un hijo de seis meses.
Y algo que antes no me importó, jamás, resulta crucial para mi a la hora de vestir a Bruno.
Y es que en ningún lugar puede ser cierto de los corderos combinan con las lechuzas. ¿Dónde se ha visto? Los elefantes y las catarinas tampoco, me parece. Y un gorila con una llama resulta poco menos que aterrador.
¿Qué me dicen de combinar un dinosaurio amorfo con un polakantus?, ¿verdad que no?
Y bueno, uno de los colmos es combinar un león, o varios, con jirafas, vacas, ratones o pingüinos.
Creo, no, no creo, estoy seguro que los leones no combinamos con muchas cosas.